
Una bonita estación de tren... en el pasado, porque actualmente, tras 2 millones y medio de inversión para reparar el tejado, no da como para acabar la restauración del resto del edificio, de 260 m de longitud, 365 ventanas y dos andenes, uno español y otro francés por el que no puede pasar ningún tren desde que en 1970 cerró Francia unilateralmente su parte del recorrido.
La visita es rápida e interesante, se centra en el porqué de la estación, su convulsa historia, los intercambios de oro nazi por wolframio, los y las espías, los inconvenientes, la desatención institucional...
En resumen, los Amigos del Museo pasamos un fresco y bonito día de excursión, ya renovado como tradición de verano.


























