¡Dios mío cuánta gente! 4 horas para acceder a San Pietro. Al final no entramos, así que nos dispusimos a recordar el momento (en la foto, la Basílica detrás de los animadores oficiales de Benedicto X-V-I).
Pero el resto de la Ciudad Eterna seguía allí, impasible y preciosa como siempre. El clima, que acompañó como el mejor compañero de viaje, y la compañía inmejorable hicieron inolvidable el viaje.
También nos dio tiempo a ver la tumba de Julio II del genial Michelangelo, el venido a menos MAXXI de Zaha Hadid, a comer "auténticos calamares a la romana" o a tomar un helado en Giolitti's, cerca del Pantheon, y a salir todas las noches por nuestro barrio: el superanimado Trastevere.












