El Cinca encierra rincones hermosos y permanentemente cambiantes con las estaciones. Esto es lo bueno de nuestra tierra: el mismo paisaje adopta formas y colores bien diferentes a lo largo del año.
Un poco más allá, el Guatizalema completamente helado antes de desembocar en el Alcanadre ya rendía cuentas de otra cencellada en las Navidades de 2002.
Estas Navidades fueron realmente duras para los habitantes de aquí, especialmente para las cigüeñas, pues fueron quince días seguidos de niebla con temperaturas bajo cero día y noche, para conseguir la belleza del hielo pegado a las plantas de una cencellada como ésta.