 |
| Escaldes-Engordany |
 |
| Río Madriu, antes de desembocar al Valira d'Orient |
Había estado muchas veces de visita en Andorra: compras y vuelta a casa. Pero no había llegado nunca a ver qué más guarda este secular país encerrado entre montañas.
Esta vez me quedé allí varios días y comprobé que poco más de 78.000 habitantes en 467 Km2 dan para organizar algo más que tiendas y comercios.
 |
| Av. de Carlemany en Escaldes; Andorra la Vella al fondo |
Un poco de cultura condensada en unos cuantos sencillos museos y unas cuantas actuaciones esporádicas, aderezadas con un poco de hedonismo termal, me resultaron gratamente relajantes y suficientes para la necesaria desconexión vacacional.
 |
| Santuario de Meritxell, de Ricardo Bofill, reconstrucción de 1978 |
Unas cuantas coquetas iglesias románicas pusieron la guinda a esta sencilla tarta pirenaica, donde me sorprendió el fervor hacia la Virgen de Meritxell, con un santuario nuevo firmado por Bofill y la ermita y talla románica rehechas por completo tras la quema y la pérdida de ambas a mediados de siglo XX. Las montañas pude verlas desde el coche y especialmente por el Pas de la Casa de camino a Francia. Las dejé para otra ocasión, pues merecen una nueva parada y fonda.
(Advertencia: Andorra no está en el Espacio Europeo de la CEE y las tarifas de teléfono son apabullantes, hay que apagar los datos y todo lo demás para evitar sorpresas en la factura).
Del Midi francés me quedaba ya bien poco por conocer.
Esta parte, l'Ariège, se quedó sin visita a la vuelta de Clermont-Ferran: demasiados días de viaje, demasiados Km y demasiado cansancio.
Así mejor, pues pude saborear Foix con más calma y en plena feria medieval.
Encantadora, charmante, encisadora villa medieval con castillo auténtico de los ss. X-XV y Abadía de Saint Volusien del s. XII, que servirá de punto de partida para el siguiente viaje hacia la ruta de los Cátaros.
 |
| Abadía de Saint Volusien |
 |
| El río Ariège a su paso por Foix |
La vuelta fue hacia el oeste por la espectacular Grotte de Le Mas d'Azil, atravesada por una preciosa y bucólica carretera.
Parada y tarde completa en Saint Girons y en otra joya medieval: St. Lizier, casco antiguo, Palais des Évêques y Catedral de Notre Dame de la Sède, románico-gótico-renacentistas, sin artificios, ni cartón-piedra.