No se puede negar que la famosa xafogor hay que sufrirla para salir huyendo, por eso este final de agosto Castellón parecía una ciudad fantasma: sólo se veía por la calle alguna "mujer de Lot" abandonada de camino al mercado.
Arquitectura moderna (como esta de Carles Ferrater), arte y espectáculos los dejamos ineludiblemente para después de vacaciones en una próxima visita. Al menos sol y playa no me los quitó nadie, ni la medusa que defendía su territorio.