Lo más méprisable: la actitud de los guardias civiles que nos retuvieron a punta de metralleta, hasta que hubieron revisado nuestros DNIs, justo antes de atravesar la frontera y dejaron, sin embargo, pasar sin inspección ninguna a un Peugeot gris francés con 4 magrebís. Siendo que nosotros acabábamos de salir de desayunar de un bar a 50 m y los vimos instalar el puesto de control en el que no paraban a nadie excepto a nosotros, que somos de la tierra y que éramos los menos sospechosos, pues todo el mundo sabía ya a esa hora, a las 7 y media de la mañana, por los medios de comunicación, que todos los indicios de la autoría de los atentados apuntaban a Al Qaeda. Pero claro, ¡el Gobierno, en sus trece, ya había decidido que la culpa era de la ETA!