viernes, 23 de marzo de 2007

Sau, el fatídic 2003: el viatge que no el fou mai

No fue un buen augurio esperar en la playa tras la Nit de Sant Joan un sol que nunca amaneció. En efecto, aquel año de la ola de calor no hubo vacaciones, sólo sesiones y más sesiones de rehabilitación, alguna salida corta y acercarme a ver a Robbie Williams en el Sant Jordi, para resarcirme. (Al mal tiempo, buena cara).
Vista del pantano de Sau. Lo mejor, la carretera de acceso y el paisaje hasta allí. Lo peor, que no pude quedarme aquel puente de la Diada: tras tantas curvas el cuello me hacía ver las estrellas de día. Fue un viaje que, en realidad, no llegó a serlo. Digno broche para aquel tórrido y nefasto verano...

Santiago de Compostela bajo el agua 2005

Vista de la Catedral desde la Plaza del Obradoiro. La ciudad, los parques, el azabache..., todo antiguo y húmedo. ¡Qué frío hacía para ser final de mayo! La ciudad merece otra visita, pero en verano.
Por cierto, el teatro en gallego no se entiende.

Nihon no ryokoo natsu yasumi 2004. (Viaje de vacaciones de verano a Japón)

¡El viaje de mi vida! ¡Qué país tan maravilloso, Japón 日本! 20 días interminables en que todo fue absolutamente perfecto e increíble. La gente amabilísima, los paisajes deslumbrantes, la coexistencia equilibrada entre naturaleza, tradición y modernidad, la seguridad ciudadana, el orden y el exotismo...
Vista del templo de NiGatsu en el bosque sagrado de Nara 奈良, la primera capital del imperio nipón.
Lo único que podría reprocharse serían las chicharras de 15 cm con su estridente sonido, que nos despertaban a las 5 de la mañana cada día en Osaka 大阪.
Aquí en Kyoto 京都, la segunda y anterior capital: el Kiyomizu-dera, otro complejo de templos que no hay que dejar de visitar . En perspectiva minimalista, detrás de mí: Noel y Marga.
Tampoco dejéis de visitar la moderna Kobe y el bucólico Hakone, a los pies del volcán Fuji-san.

lunes, 19 de marzo de 2007

Le Mont Saint Michel et moi, à l'été 2006

Este es mi último viaje muchos años ansiado: a todo el oeste de Francia hasta St. Michel. ¡La espera valió la pena!
Vista de la imponente abadía desde el itsmo del aparcamiento con marea baja. Luego subió, y mucho.
Cierto que el final -St. Michel- fue absolutamente espectacular, pero no fueron menos hermosos todos aquellos pueblecitos y ciudades que fuimos visitando por el camino:  Bordeaux, La Rochelle, Nantes, Poitiers, Tours, Amboise, Blois, Le Mans, Laval, St. Brieuc, St. Malo, y, por supuesto, le Château de Chambord, diseñado por el extraordinario Leonardo da Vinci.
En la foto Gonzalo y yo en Tours, toute merveilleuse aussi.