martes, 3 de agosto de 2021

Tremp, ida y vuelta, octubre de 2020


Con aires de pueblo medieval en el pequeño centro y un crecimiento moderno y poco favorecedor alrededor, Tremp es una de esas capitales de comarca que están de paso a sitios más turísticos y en las que nunca se tiene tiempo de parar. 


En realidad, tampoco Tremp era el destino elegido esta vez, sino Claramunt. Parecía el momento apropiado para ir a ver este pueblecito cercano al Coll de Montllobar: fin de octubre, calor de un verano alargado y en puertas de un inminente cierre perimetral de Aragón, como así fue la semana siguiente, con el inicio del repunte de contagios de la 3ª ola.


el valle del Segre desde el Coll de Montllobar. Cada uno señala los carteles como le llega la sesera...


Lo malo fue que con el cierre de todos los restaurantes de Cataluña y en plena temporada, estaban los alrededores llenos a rebosar de buscadores de setas y personas afines. Imposible pasear sin cruzarse con alguien. Además, los 9 Km de pista de tierra para acceder al pueblo desde el puerto, no permitían acceder con mi coche.




Tras ver Tremp por fuera por tanta restricción, incluso la preciosa iglesia románica, la excursión salió redonda con una agradable comida junto al embalse de Sant Antoni. Ya sabía que no podría disfrutar del restaurante Lo Quiosc, por eso me llevé el pic-nic. A mi gusto, por descontado.

Embassament de Sant Antoni

Y aprovechando el tirón, pude fotografiar los cuatro pantanos del Segre hasta Lérida: Terradets, Camarasa y Sant Llorenç, con toda la sierra y flora que los circunda. Otra curiosidad más de este paisaje de transición prepirenaico.